(actualizado 2018)

Esta es una guía bastante completa, para un asunto que “debería ser simple”.

No lo es, y vale la pena entender este tema, para el resto de tu vida.

Te beneficiarás leyendo, porque podrás encontrar alivio sin los riesgos y efectos secundarios de pastillas inyecciones, y podrías ayudar a tu proceso de sanación en casa.

También importante: no todos los tejidos se inflaman de igual manera, y no todos responden al frío o al calor del mismo modo.

Este artículo no puede cubrirlo todo, porque se volvería un libro… Por lo tanto, si tienes una lesión “típica” de tendones o ligamentos, en las manos, codos, hombros, rodillas o pies, este artículo te irá muy bien.

Para dolor en la espalda o el cuello, por favor usa este artículo en vez.

 

FRÍO: UN NUEVO PARADIGMA

Por años, este artículo tenía la información tradicional: el frío ayuda a bajar la inflamación, el dolor, y ayuda al proceso de recuperación.

Pero una nueva forma de pensar está tomando fuerza en el mundo de la rehabilitación…

En principio, porque a pesar de que poner hielo sobre lesiones ha sido una práctica común por más de 40 años, hay poca evidencia que sustente su efectividad.

De hecho, hay muchos estudios que demuestran exactamente el opuesto.

Esto no quiere decir que el frío no ayude a reducir el dolor. El problema es que al reducir el dolor también podríamos estar dilatando el proceso de recuperación, que hace que el dolor dure más tiempo…

 

CÓMO EL FRÍO PODRÍA DAÑAR

 

Yo sé, cuesta creerlo, sobre todo porque la mayoría de los profesionales todavía prescriben hielo.

Pero por ejemplo, este estudio mostró que los marcadores que ayudan a sanar disminuyeron en los sujetos que aplicaron hielo. Este estudio mostró como aplicar hielo no ayudó en lo absoluto a los esguinces del pie.

La razón primordial es que la inflamación ayuda a sanar.

Esto con la excepción de las enfermedades auto-inmunes, que generan inflamación sin que haya algo que sanar. Y aunque en momentos de mucho dolor el frío podría ayudar, incluso para aquellos que sufren de enfermedades auto-inmunes, el frío podría ser contraproducente.

Esto quiere decir que incluso tomar anti-inflamatorios, aunque a veces necesario para poder “sobrevivir” al dolor, podría también retrasar el proceso de sanación (mira más abajo para las excepciones).

Hay teorías que dicen que el hielo podría revertir el flujo de la linfa de un modo que empeoraría tu lesión.

Además, retrasar el proceso de sanación implica mayor riesgo de volver a romper los tejidos.

Esto quiere decir que en muchos casos, podría ser mejor dejar que el cuerpo use su inteligencia y procesos naturales de reparación… o sea, que se inflame.

La excepción: hay veces en que la inflamación (esto se da sobre todo en las bursas), es muy aguda, pero no baja con el tiempo.

Y cuando eso sucede, la inflamación puede ser contraproducente, en particular porque no te permite moverte de un modo natural. Esto a largo plazo suele producir más problemas, y por lo tanto, es una buena idea al menos bajar el nivel agudo de la inflamación.

Allí el hielo podría ser un gran aliado.

Esto quiere decir hay niveles de inflamación y/o períodos de duración de la misma que podrían ser dañinos… Esto nos lleva al calor:

 

CALOR: AYUDANDO A SANAR Y CALMAR

Hay tres formas específicas en que el calor puede ayudarte:

 

  1. El calor ayuda a relajar los músculos. Esto es importante no sólo en el área afectada, sino en los músculos que le rodean, que típicamente se contraen por sobreuso (están trabajando más de la cuenta para compensar).
  2. Aumenta el flujo sanguíneo y actividad metabólica. Tomando en cuenta que el cuerpo sana primordialmente usando a la sangre para traer los mecanismos de reparación y llevarse (junto con la linfa) a los deshechos, aumentar el calor puede ayudar al proceso de curación.
  3. El calor puede disminuir el dolor. El calor estimula a los receptores de la piel, y esto a su vez reduce los mensajes de dolor que van al cerebro de la misma área. Es como si el cerebro pudiera procesar solo cierta cantidad de información sensorial, y tiene que reducir la información de dolor para poder procesar la información del calor.

 

Para aplicar el calor puedes usar las bolsas para colocar agua caliente que venden en las farmacias, o una manta eléctrica de calor.

Hay gente que prefiere toallas con agua caliente –sirven, pero pierden calor rápido. Otros prefieren un baño con agua caliente: esto puede servir muy bien, pues también te puede ayudar a relajar el cuerpo, siempre y cuando puedas estar cómodo durante el baño.

 

CUANDO NO USAR CALOR:

Como dije antes, la inflamación natural del cuerpo es positiva. Pero exagerar este proceso no es bueno. Por eso, no es bueno hacerlo en estos casos:

  • Durante las primeras 48 horas de una lesión
  • Cuando hay poca circulación por alguna enfermedad
  • Edema (hinchazón)
  • Condiciones cardíacas
  • Si tienes problemas sintiendo cambios de temperatura
  • Infecciones
  • Quemaduras

 

NOTA FINAL:

Aunque el uso de calor y frío debería ser algo simple y universalmente entendido, parece ser que la ciencia necesita entender mejor cómo afecta a cada tipo de lesión, a cada área, y a cada persona.

Por lo tanto, a pesar de que te damos líneas generales en este artículo, también reconocemos que no a todo el mundo le funcionará lo mismo, y sabemos que hay personas a las que la combinación, por ejemplo, de frío y calor, les funciona muy bien.

Recuerda usar precauciones para que el calor no sea muy intenso, y no lo hagas por más de 15 a 20 minutos seguidos.

Deja el área descansar por la misma cantidad de minutos que usaste el calor antes de volver a usarlos.

Y recuerda que si tienes dolor crónico, esto no soluciona el problema, simplemente lo hace más llevadero, y puede facilitar al proceso de recuperación.

Por una solución holística y duradera para tu dolor,

Mijael

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